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CADA DIA ME ENAMORO MAS DEL MEDIO ACUATICO

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trabajo Practico NÂș 1

trabajo Practico Nº 1

La hidrofobia o miedo al agua es un handicap que el individuo puede padecer cuando entra en contacto por vez primera con el medio acuático. Generalmente a que el adulto proyecta su propio miedo sobre el niño lo que produce la huella educativa, por la cual el sujeto desarrolla unos pensamientos irracionales y ansiógenos en relación al medio acuático. La progresión en la pérdida del miedo al agua en los adultos es mucho más lenta que en los niños y esto se manifiesta principalmente en la excesiva tensión muscular que mantienen durante su estancia en el agua 

Introducción
El ámbito de este trabajo está vinculado a las situaciones que padese el individuo el cual esta por insertarce al mundo acuatico o hace poco que se relaciona con el.  

Sin embargo, a pesar de todos estos aspectos que favorecen la práctica de actividad física en el agua, aún hoy se manifiesta uno de los obstáculos más significativos y peculiares para dicha práctica, es el MIEDO, el miedo al agua coloquialmente hablando o la hidrofobia, término utilizado por los estudiosos de la materia. Es este el tema que trataremos a lo largo de esta exposición.

La hidrofobia o miedo al agua es un handicap que el individuo puede padecer cuando entra en contacto por vez primera con el medio acuático.

Durante estas primeras etapas de exploración, descubrimiento y adaptación nos encontramos con un comportamiento que podíamos calificar como reacio o remiso hacia el agua.

Para algunos estudiosos el miedo al agua es un miedo arcaico, aprendido desde el origen del hombre, y, por tanto, adquirido (Calamia, 1993). A pesar de que el medio acuático en muchas ocasiones resulta atractivo, enriquecedor, fuente de vida y salud, curativo (hidroterapia),..., para muchos sujetos se transforma en un factor ansiógeno.

Calamia (1993) agrupa en dos bloques los aspectos que podían ser considerados como las causas originarias del miedo al agua:

  • El sujeto ha recibido una educación hidrofóbica, sin poseer un experiencia acuática. Esto se debe generalmente a que el adulto proyecta su propio miedo sobre el niño que lo integra en su sistema de funcionamiento. En este caso, el miedo es producto de la huella educativa, el sujeto desarrolla unos pensamientos irracionales y ansiógenos en relación al medio acuático.
  • El sujeto ha memorizado una o varias situaciones acuáticas provocadas por un choque emocional estresante como puede ser el inicio de un ahogamiento o una inmersión provocada. En este caso el miedo resulta de un traumatismo vivido a través de prácticas pedagógicas inapropiadas. Esto puede derivar en que el contacto de un sujeto con el agua, o el simple pensamiento de este contacto provoque una reminiscencia emocional que perturba su homeostasis. La alteración del sujeto respecto a su entorno altera o aniquila los procesos por los cuales adquiere informaciones sobre este entorno y las elabora con el objetivo de ajustar su comportamiento.


Hasta tal punto se asocia el miedo a los primeros contactos del individuo con el medio acuático que en la pedagogía tradicional de la natación era considerado como un estado emocional particular, por tanto específico del agua: el miedo acompaña necesariamente el o los primeros contactos con el agua durante el aprendizaje del nadador; el educador asume que "el niño tiene miedo porque es novato", "el novato tiene miedo por su condición de novato", por tanto lo incluyen como un estado dentro de su naturaleza, y se habla de la hidrofobia no sólo como una evidencia sino como una generalidad (Catteau y Garoff, 1988).  

Otros estudios, aún partiendo del entorno del niño caracterizado por la novedad, la extrañeza, la agresividad potencial o presumida, presuponen que esto crea en aquél un poder de atracción mezclado con temor (Azémar, 1990). Este autor se ha centrado particularmente en analizar los procesos psico-fisiológicos que presiden en desarrollo afectivo-motor del niño durante una situación de riesgo creada en los primeros contactos del niño con el agua. Azémar (1990) relaciona tanto las consecuencias ansiógenas como los efectos fisiológicos (bradicardias,…) manifestados por el niño con la relación de éste con sus progenitores: …la riqueza de las interacciones niño-medio está condicionada por la calidad de las relaciones padres-niño, especialmente por la relación madre-niño.

Teniendo en cuenta que las fases de exploración y adaptación al medio acuático son imprescindibles en la iniciación a la natación deportiva, es necesario retomar los datos, aportados por los estudiosos, relativos a los comportamientos manifestados por el niño o el sujeto que se acerca por vez primera a la piscina.

HIDROFOBIA: VIVIR CON TEMOR AL AGUA

 

  Para la mayoría de las personas la playa y la piscina son sinónimos de vacaciones, relajo y diversión. Sin embargo, hay unos pocos que con sólo pensar en lugares como éstos sufren crisis de angustia y malestar general, porque no toleran estar cerca de grandes cantidades de agua. Ellos padecen hidrofobia, que consiste en un irracional y compulsivo miedo a este líquido.

De acuerdo con la doctora Patricia Rentaría, psiquiatra de Clínica Alemana de Santiago, esta patología puede originarse por una experiencia negativa con el agua, pero también por ciertos factores genéticos y ambientales que predisponen al temor.
"No siempre es indispensable que haya un trauma para que se desarrolle una fobia. Todos tenemos una memoria ancestral y genética con miedos que son inherentes al ser humano. Pese a esto, hay personas que son más susceptibles a desarrollarlos, debido a su personalidad o a factores ambientales. Por ejemplo, los niños con familias sobreprotectoras o con padres ansiosos que los contagian".

La especialista explica que para hablar de fobia, es necesario que el temor al agua sea de tal intensidad que el individuo se sienta limitado por esta situación, ya que el sólo hecho de acercarse a grandes cantidades de agua lo inmoviliza.

"Incluso hay personas que ni siquiera pueden meterse a la tina, pero son casos extremos y aislados, que se dan principalmente en pacientes que tienen asociada otra patología, como el trastorno de pánico", explica la especialista.

Buen pronóstico
Las manifestaciones del miedo son diferentes dependiendo de la edad. Mientras un adulto es capaz de darse cuenta de la irracionalidad de su temor, los más pequeños no tienen conciencia de su problema, por lo tanto, suelen reaccionar de forma mucho más descontrolada.

Sin embargo, la doctora Rentaría aclara que en "el caso de los niños no se habla de fobia, porque hasta los tres años hay una mayor predisposición a desarrollar temores los cuales se van delimitando con el tiempo. Por lo tanto, sólo a mayor edad es posible establecer un diagnóstico preciso".

En cuanto al tratamiento, explica que las fobias específicas, como la hidrofobia, tienen generalmente un buen pronóstico si se manejan de manera adecuada. Para ello se utiliza psicoterapia cognitivo-conductual, ya que no se han encontrado fármacos para este tipo de patología.

Cuando se trata de niños, se trabaja con los padres para que lo apoyen en el tratamiento, instándolos a que eviten conductas aprensivas o ansiosas que fomentan los miedos del menor. Además, se realiza una desensibilización sistemática que consiste en exponer al pequeño paulatinamente al agua, empezando con una pequeña piscina de juguete. Una vez que se familiarice totalmente con este juego, se pasa a una piscina más grande y se repite el proceso.

"Es fundamental que durante la terapia el niño siempre esté acompañado de un familiar de mucha confianza que no sea ansioso, para que se sienta protegido", explica la especialista.

En cambio, en el adulto se utilizan técnicas de relajación y se le pide que imagine que se acerca al agua. Después de varias sesiones, se intenta con la exposición real a este elemento.

De acuerdo a la especialista, estos procesos pueden tomar un periodo variable de tiempo, desde unas pocas semanas hasta meses. "Esto depende de la intensidad de la patología y de las características de su personalidad y de la familia. Además, es fundamental, la responsabilidad, constancia y motivación del paciente", concluye.

 

 Estos textos anlizados desde la teoria proporsionada por la profesora podemos decir que:

El sujeto ha recibido una educación hidrofóbica, sin poseer un experiencia acuática. Esto se debe generalmente a que el adulto proyecta su propio miedo sobre el niño que lo integra en su sistema de funcionamiento. En este caso, el miedo es producto de la huella educativa, el sujeto desarrolla unos pensamientos irracionales y ansiógenos en relación al medio acuático.

El sujeto ha memorizado una o varias situaciones acuáticas provocadas por un choque emocional estresante como puede ser el inicio de un ahogamiento o una inmersión provocada. En este caso el miedo resulta de un traumatismo vivido a través de prácticas pedagógicas inapropiadas. Esto puede derivar en que el contacto de un sujeto con el agua, o el simple pensamiento de este contacto provoque una reminiscencia emocional que perturba su homeostasis (mecanismo de autorregulación interno del organismo). La alteración del sujeto respecto a su entorno altera o aniquila los procesos por los cuales adquiere informaciones sobre este entorno y las elabora con el objetivo de ajustar su comportamiento. 

El temor al agua no es de los más frecuentes, pero que éste puede presentarse, aunque en realidad se trate de un miedo a lo desconocido, a lo que puede haber bajo la superficie, o esté causado por el movimiento de las olas. "A veces, lo que asusta no es directamente el agua, sino la existencia de peces o monstruos que puedan salir de ella y morderlos. En otras ocasiones puede ocurrir que la fobia sea pánico a morir ahogado por alguna historia que el niño haya visto, oído, o simplemente, imaginado o soñado", añade. En cualquier caso, el "respeto" al mar y a las piscinas nunca debe desaparecer en el niño. Otra cosa muy distinta es que éste dé lugar a un temor que incapacite al chiquillo para disfrutar de un buen chapuzón, una situación ciertamente preocupante.

Para ayudar a un niño a superar este tipo de temores es no forzarle a que lo afronte directamente, ya que podríamos provocarle mucho más miedo. La clave de todo es demostrar y transmitir al niño la sensación de que estamos junto a él, de que nosotros no nos sentimos asustados y jugamos y disfrutamos. De esta forma, puede llegar a calmarse. Por el contrario, si su temor angustia a los adultos que están cerca, el pequeño puede entender que a los mayores también les da miedo, y posiblemente le entrará el pánico". Por este motivo, lo más conveniente es proponernos como "modelos a imitar" y, tranquilamente, con paciencia, transmitir seguridad. "Hay que dejar que el agua suba hasta una altura del cuerpo del niño que normalmente no tolera, incluso dejarle solo poco a poco, siempre bajo supervisión profesional, para que el miedo vaya desapareciendo". Otro método para evitar que un chiquillo sienta fobia al agua es animarnos a asistir junto a él a los cursos que organizan las piscinas durante todo el año.

  • www.efdeportes.com/efd11/ctuero.htm